Cuando me tocó organizar una escapada familiar para quince personas, entre primos gritones y tíos que no paran de contar chistes, supe que meterlos a todos en mi coche iba a ser como jugar al Tetris con humanos, así que me lancé a alquilar minibus Santiago y descubrí que es la manera más fácil de mover un grupo grande sin que nadie termine peleándose por el asiento de delante. Las ventajas de estos bichos son obvias: tienen espacio de sobra para que cada uno estire las piernas, guarde su mochila y hasta se eche una siesta sin parecer un contorsionista; la última vez que lo usamos, mi tía Rosa se pasó el viaje entero roncando feliz en la última fila mientras los niños cantaban a pleno pulmón, y nadie se quejó de falta de aire o de codazos accidentales.
La reserva anticipada es tu mejor amiga en este rollo, porque no quieres quedarte sin minibus el día que lo necesitas como me pasó una vez que dejé todo para última hora y terminé rogándole a mi vecino que me prestara su furgoneta destartalada. Ahora, llamo con un par de semanas de margen, sobre todo si es para un evento como una boda o una excursión al aeropuerto, y me aseguro de decir cuántos somos y si llevamos equipaje extra, porque mi primo Manolo siempre aparece con una maleta que parece que se va a mudar a otro continente; las empresas en Santiago suelen tener webs donde reservas en dos clics, y hasta te dejan elegir extras como sillas para bebés o un conductor si prefieres relajarte y no lidiar con el tráfico tú mismo. Hacerlo con tiempo te da paz y evita que te toque un cacharro viejo que huele a gasolina y sudor.
Las normativas de circulación son algo que no puedes pasar por alto, porque no es lo mismo conducir tu coche que un minibus lleno de gente que parece un coro improvisado en cada semáforo. El conductor que contraté me explicó que hay que respetar los límites de velocidad como si fueran la ley sagrada, porque estos bichos son más pesados y tardan más en frenar, y nadie quiere un susto en medio de la carretera; también me dijo que el cinturón es obligatorio para todos, algo que tuve que repetirle a mi tío Pepe unas diez veces hasta que dejó de quitárselo porque “le apretaba la barriga”. Si vas a conducir tú, asegúrate de que tu carnet te cubre para llevar un vehículo así, porque no todos valen, y la última cosa que necesitas es una multa por jugar al capitán sin licencia.
Garantizar un trayecto seguro y confortable es el toque final que hace que todos lleguen contentos en vez de gruñendo como osos hambrientos. Antes de salir, revisé con el chófer que los asientos estuvieran limpios y que el aire acondicionado funcionara, porque una vez nos tocó un bus que parecía un horno y llegamos al aeropuerto sudando como si hubiéramos corrido una maratón; ahora siempre pido que lo chequeen, y hasta llevo una botella de agua extra por si alguien se marea, como mi prima Ana, que se pone verde con las curvas. El minibus que alquilamos tenía ventanitas grandes y un sistema de sonido decente, así que pusimos música para que el viaje fuera una fiesta rodante, y eso mantuvo a los niños entretenidos mientras los mayores charlaban sin gritar.
Ver a mi familia bajarse del minibus riendo y sin quejas me hace pensar que esta fue una de mis mejores ideas en mucho tiempo. Alquilar minibus Santiago me dio la flexibilidad de movernos todos juntos sin el estrés de coordinar mil coches, y cada vez que pienso en lo fácil que fue, me dan ganas de planear otra salida solo por el gusto de repetir la experiencia.