Cuando llega un bebé a la familia, el primer año es un ir y venir al médico: vacunas, revisiones, los pequeños sustos de salud que pueden llevarnos al médico, especialmente si somos padres primerizos etc. Y todo esto siendo un bebé sano. Si se detecta algún problema, entonces hay que multiplicar las visitas convirtiéndose en una experiencia muy estresante para los padres.
Por eso, los pediatras tienen entre sus misiones la de informar muy bien a los padres cuando hay un diagnóstico en un bebé o se recomiendan pruebas a mayores. Por ejemplo, si en la familia hay antecedentes de enfermedades del corazón que tienen un componente hereditario, el pediatra puede aconsejar una visita a un especialista en cardiología en Pontevedra cuando el bebé cumpla un año, para asegurarse de que todo está bien. Pero sin alarmar innecesariamente a los padres.
Otro motivo para ir a un cardiólogo con un bebé suele ser el diagnóstico de un soplo. Realmente, un soplo en el corazón no tiene por qué ser nada grave de principio. Pero es buena idea acudir al médico para que confirmen que se trata de un problema leve y no de una malformación que pueda acarrear otras complicaciones. Además, no es mala idea llevar un seguimiento del niño.
También puede ser recomendable que el pediatra derive al cardiólogo si el bebé se fatiga mucho al comer, presenta un tono azulado en manos o labios o su respiración parece no llevar una frecuencia o una intensidad normales. En cualquier caso, siempre debe de acompañar este consejo de una información completa y de la realización de otras pruebas para descartar el resto de los motivos que pueden causar esos síntomas.
Para cualquier padre, la derivación del bebé a un especialista del corazón puede suponer un disgusto y una gran preocupación. Por eso tiene que haber una excelente comunicación y confianza con el pediatra que se encarga del seguimiento del bebé. Así, se podrá saber en todo momento si se trata solo de una comprobación rutinaria o si hay algún motivo real de preocupación.
Los cardiólogos especializados en bebés pueden realizar al niño todas las pruebas que sean necesarias para descartar un problema grave o, en el caso de que este problema exista, tratarlo de la manera más eficaz posible. Hoy, por suerte, la mayoría de los problemas de corazón se pueden detectar a edades tempranas y atajar su gravedad.