14 octubre, 2026

Cómo preparé mi viaje a la isla de Ons

Siempre he pensado que vivir aquí, con las Rías Baixas como telón de fondo constante, es un privilegio que a veces corremos el riesgo de normalizar. Desde la costa, la silueta de las islas recorta el horizonte, recordándome que hay paraísos a tiro de piedra. Hace unas semanas, sentí la necesidad imperiosa de escapar del asfalto y el ritmo diario, y mi brújula interna apuntó directamente hacia la Isla de Ons. Menos mediática quizás que sus hermanas, las Cíes, Ons siempre ha tenido para mí un aura de refugio salvaje y auténtico. Pero claro, una buena expedición requiere la información adecuada.

Mi primer paso, como el de cualquiera que busque organizar una escapada perfecta, fue sumergirme en la búsqueda de datos prácticos. No quería ser el típico visitante que llega y se limita a pasear por los alrededores del muelle; quería entender y exprimir la isla. Lo primordial, y el dato más importante que debes grabar a fuego si planeas ir, es la burocracia protectora. Al formar parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas, el acceso diario está estrictamente limitado para preservar el entorno. Conseguir la autorización gratuita de la Xunta de Galicia se convirtió en mi primera misión. Es un trámite digital sencillo, pero absolutamente imprescindible antes de siquiera pensar en comprar los billetes de barco.

Una vez con el código QR del permiso a buen recaudo, me dediqué a rastrear las mejores navieras para cruzar la ría. Analicé los puertos de salida más cercanos, comparando las frecuencias y horarios, buscando esa combinación perfecta que me permitiera pisar tierra firme a primera hora de la mañana y regresar cuando el sol empezara a teñir el mar de naranja.

Sin embargo, la logística era solo el esqueleto del viaje; yo buscaba el alma. Me sumergí en mapas detallados y guías locales para trazar mi itinerario. Descubrí que la isla ofrece muchísimo más que playas espectaculares de arena blanca como la de Melide. Tracé mentalmente la Ruta do Faro, imaginando la subida constante hasta el punto más alto para dominar el océano con la vista. Leí fascinado sobre las furnas, esas impresionantes cuevas marinas esculpidas por la furia del Atlántico en la escarpada cara oeste. El mítico Buraco do Inferno, rodeado de leyendas sobre almas en pena, se anotó de inmediato como una parada obligatoria.

Por supuesto, toda la información turística Isla de Ons que recopilaba apuntaba irremediablemente en una misma y deliciosa dirección culinaria. Entendí que sentarme en una de las terrazas de la pequeña aldea a probar su famosa caldeirada de pulpo, preparada con la receta tradicional de los antiguos isleños, no era una simple comida, sino una inmersión cultural obligatoria.

Recopilar cada fragmento de información, cada consejo sobre qué calzado llevar o qué sendero tomar para esquivar el viento, ha transformado esta excursión en una aventura antes de empezar. Ahora, con los billetes confirmados y la mochila lista, solo me queda embarcar y dejar que la isla me cuente sus propios secretos.