Cuando el barco atracó en el muelle de O Curro, supe inmediatamente que la Isla de Ons iba a ser una experiencia diferente. Es la hermana menos pulida de las Cíes, más auténtica, más vivida. Es una isla que te exige caminar, que te pide que te ganes sus vistas explorando senderos que huelen a sal y a pino.
Después de pasar el día recorriéndola de punta a punta, me di cuenta de que Ons no es un solo lugar, sino muchos. Y aunque toda la isla es un espectáculo, si tuviera que destilar mi visita en cuatro paradas imprescindibles, estas serían las que se quedaron grabadas en mi retina.
Lo primero que domina la isla, visible desde casi cualquier punto, es el Faro de Ons. No voy a mentir, la subida por la «Costa da Egua» es exigente, un desafío constante bajo el sol. Pero cada paso de esa cuesta empinada vale la pena. Al llegar arriba, sientes que has conquistado la isla. La vista de 360 grados es espectacular: ves la Ría de Pontevedra a un lado, la inmensidad del Atlántico al otro, y a tus pies, toda la geografía que ver en la isla de Ons. Es el mejor lugar para orientarse y entender la magnitud de dónde estás.
Siguiendo la ruta sur, mi siguiente obsesión fue el Buraco do Inferno. Es una «furna» (cueva marina) vertical, una grieta profunda en el granito donde el mar ruge debajo de ti. En días de temporal, dicen que el sonido es aterrador, como los lamentos del infierno, de ahí su nombre. Asomarse (con muchísimo cuidado) y escuchar el eco del océano golpeando las profundidades de la isla es una experiencia casi mística, un recordatorio de la fuerza bruta del mar.
Para contrastar con los acantilados, necesitaba arena. La Playa de Melide fue mi elección. Está considerada una de las playas nudistas más bonitas de Galicia, y es fácil ver por qué. Está aislada, es salvaje y el agua es de un turquesa increíblemente frío. A diferencia de la concurrida Area dos Cans (cerca del muelle), aquí solo se oye el viento y las olas. Es la desconexión en estado puro.
Finalmente, mi última parada fue el Mirador de Fedorentos, en el extremo sur. Lo que hace especial a este lugar no es solo la vista de los acantilados de Ons, sino la perspectiva que ofrece de las Islas Cíes. Ver el perfil de las Cíes desde aquí, con el sol empezando a bajar, te da una dimensión completamente nueva del Parque Nacional. Es el lugar perfecto para sentarse en una roca y simplemente absorber el paisaje.