22 octubre, 2020

La satisfacción del dinero bien invertido

Cuando pasas mucho tiempo en casa, empiezas a ver el hogar de otra manera. Tal vez en aquella pared falte un cuadro, tal vez podría poner unas cortinas nuevas, o tal vez debería cambiar de lavavajillas. Todo tiene más importancia porque tu mundo se circunscribe solo al hogar, y aunque sabes que es por algo temporal, sentirse confortable en casa no tiene precio.

En mi caso, mi oficina está en casa desde hace varios años, así que sé lo que es prestar atención al hogar. Y si hay algo que me molesta es que falle la tecnología: ya sea el ordenador o los electrodomésticos. Supongo que a todos nos pasa que cuando estamos trabajando con una computadora y esta falla echamos chispas. Como yo soy perro viejo en estas lides suelo enervarme unos cinco minutos hasta que me doy cuenta que de esa manera no voy a solucionar el problema. Y pese a que no soy informático, soy bastante bueno buscando información y casi todos los problemas informáticos lo ha tenido alguien antes que yo. Es cuestión de buscar hasta dar con una solución. 

Con los electrodomésticos me pasa algo parecido. No soporto que se estropeen, aunque es ley de vida, como quien dice. Pero esa ‘ley de vida’ puede cambiar si sabemos comprar. Que lo barato sale caro con esta clase de aparatos tampoco es una verdad absoluta, pero los tiros van por ahí. Y con este encierro lo estoy notando. Nuestro lavavajillas ha dicho basta justo cuando más se le necesitaba, justo cuando confiábamos en que no nos dejase tirados.

Con todos encerrados en casa ‘comiendo sin parar’ se mancha mucha vajilla. Y estamos bastante apurados para pasarnos todo el rato lavando platos. Hasta hace unos meses lo usábamos de forma esporádica, pero este uso intenso ha debido acabar con él. 

Y nos hemos quedado sin lavavajillas. Se trataba de un aparato de no demasiado nivel que se compró un poco por inercia pensando que tampoco le íbamos a dar mucho uso. Esta vez será diferente: quiero invertir mi dinero de forma un poco más sabia…