7 agosto, 2020

Trabajar en la música 

Mi padre tocaba bastante bien la guitarra y mi madre el piano y la batería. Vengo de una familia de músicos aficionados que tuvieron sus grupillos en los años 80. Ninguno de ellos llegó a ser algo más que un pasatiempo, pero sé que lo pasaron muy bien en aquella época, aunque no quieran especificar demasiado. Pero al final ambos terminaron dedicándose a la docencia y apenas tienen contacto con la música profesional más allá de alguna colaboración desinteresada. 

Yo quería seguir sus pasos con el tema de los grupos, pero estaba decidido a ser un profesional de la música, no quería llegar a ese punto de madurez en el que dejo de lado mis sueños de juventud y me hago abogado, comercial o bróker. Así que desde que acabé el instituto busqué la forma de combinar la música como entretenimiento con mi grupo y la forma de comenzar a formarme como profesional. Y encontré el Grado en Composición de Músicas Contemporáneas.

Uno de los aspectos que más me convenció del temario fue que además de las propias enseñanzas técnicas y teóricas se incluían muchos contenidos enfocados a diferentes sectores vinculados con la música, como el cine, la publicidad o la pura producción musical. Sé que al final un profesional de la música suele ir encauzando su carrera hacia un ámbito concreto, pero al principio de mis estudios quería tener un panorama global.

Un ámbito que me interesaba especialmente era la grabación y producción musical. Cuando entramos a grabar con mi grupo una maqueta en un estudio me di cuenta de lo desprotegidos que estamos los músicos cuando no tenemos mucho control sobre la fase de producción. Si tienes mala suerte con el productor te sacará los cuartos y desde luego no te sacará el mejor sonido.

Por eso, en el Grado en Composición de Músicas Contemporáneas me interesó mucho que se incluyeran contenidos sobre producción. Quién sabe si en el futuro iba a ser yo el que tratara con grupos jóvenes y, desde luego, quería hacer bien mi trabajo. No como otros…